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MONTAIGNE

 “La historia está llena de gentes que de mil maneras distintas cambiaron una vida penosa por la muerte”. En el capítulo II del Libro Segundo de sus Ensayos, Montaigne abre sin contemplaciones el debate del suicidio, algo impensable durante siglo. Era costumbre en muchos lugares de la antigua Grecia la gestión administrativa del suicidio, que el interesado solicitaba y, las autoridades, si procedía, le consentían ejecutar.


“Hay en la vida acontecimientos más difíciles de soportar que la misma muerte” sugiere Montaigne. Apoyándose en su abrumadora erudición, debate consigo mismo el sentido de la conducta suicida. “ Dicen que el sabio vive tanto como debe, no tanto como puede; y que el mayor presente que nos ha hecho la Naturaleza y que nos priva de poder quejarnos de nuestra condición es habernos dejado la posibilidad de tomar las de Villadiego. La muerte voluntaria es la más bella. La vida depende de la voluntad de otros; la muerte de la nuestra”.

Montaigne rehumaniza el acto suicida deshaciendo el nudo establecido muchos siglos atrás por S. Agustín. En el s. XVIII, Hume acotó el sentido del suicidio como acto individual en sus Ensayos sobre la moral y política. En el s. XIX el suicidio de Werther acabó de inflamar los corazones románticos. Infierno y cielo marchan a la par en los grandes procesos de contradicción: destrucción y creación. Ya he comentado a Larra y su pistoletazo por estar “condenado a decir cosas que nadie quiere escuchar”. Las fiebres del Romanticismo trajeron epidemias suicidas a toda Europa. Se instituye la figura del genio individual que rompe moldes y sólo rinde cuentas ante sí mismo. Dostoievski en Los demonios proclama: Dios inventó al hombre para vivir sin matarse”.

Si llegamos al absurdo existencial del s. XX, fueron los artistas y los escritores los más expuestos a la desesperación propiciada por los horrores del s. XX: las dos guerras mundiales, el Holocausto, los totalitarismos…etc. Los caminos del alma son inescrutables. El mismo Pavese acabó con su vida en el mejor momento de su carrera. Hemingway, Virginia Woolf, Paul Celan…, y aquellos que tomaron partido por el suicidio crónico a través de las drogas, el alcohol. El suicidio como una forma aristócrata de morir imitando a los romanos estoicos.

Comentaba Paco la falta de ética en este acto. Pero hay que preguntarse qué es la ética, una parte de la Filosofía que trata sobre el bien y el mal? Y quién dice lo qué está bien o mal? Sólo la corriente cultural del momento, que puede cambiar de la Grecia clásica a la homilía cristiana de los domingos modernos.

Os invito a rescatar a Montaigne a leer sus Ensayos, atemporales, inmortales, vigentes en un mundo que se desmorona ante la insensibilidad de los poderosos, el egoísmo de los supuestamente civilizados y en definitiva ante la impresentabilidad de esto que llamamos “hombre” (podeís bajaros los libros en los enlaces que pongo al final).

Pilar Rodríguez

Enlaces de interés:

Montaigne.
El suicidio en la Filosofía
El suicidio en la narrativa de Juan Carlos Onetti: Una opción frente al infierno tan temido
Descarga (en formato digital) de los libros de Ensayos de Monaigne.

LIBRO ILIBRO II y LIBRO IIIDiario del Viaje a Italia